• Anna-Emilia Hietanen

Las Emociones en el aprendizaje



La pandemia y tener que cambiar repentinamente a la educación a distancia nos ha dado muchas enseñanzas sobre las cosas que son importantes en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Una de estas enseñanzas es el papel de las emociones en el aprendizaje.


Estrés, preocupación, falta de motivación, angustia – estas son emociones que han afectado a muchas y muchos estudiantes de diferentes niveles y edades. Pero en redes sociales y en los medios han salido también otro tipo de historias, sobre niñas, niños y adolescentes a quienes la educación a distancia les generó experiencias y emociones positivas: tener mayor motivación, más facilidad para enfocarse sin las distracciones en las aulas, sentirse más seguras y seguros por no tener que convivir con quienes les estaban molestando en la escuela…


Este tipo de experiencias - tanto positivas como negativas - muestran claramente lo que las investigaciones ya han señalado desde antes: las emociones tienen un impacto en los procesos de aprendizaje.


Por mucho tiempo, en el mundo de la educación, las emociones y la razón fueron separadas entre sí. En los contextos académicos y en el mundo laboral, las emociones han solido ser vistos como algo molestoso o estorboso, y se ha dado a la razón un lugar privilegiado.


Las investigaciones más recientes, sin embargo, muestran que separar la razón y las emociones y valorar más la razón en el proceso de enseñanza y aprendizaje no tiene fundamento. Las emociones pueden ser una forma de conocimiento. Las emociones y los procesos cognitivos están ligados y se influyen entre sí.


En la práctica, las emociones pueden tanto apoyar como dificultar el aprendizaje, y por eso, es importante que estemos conscientes de su impacto. Las emociones influyen por ejemplo en qué y cómo percibimos cosas, y también qué y cómo recordamos. La percepción y la memoria juegan ambas un rol grande en el proceso de aprender, como señala Emma Määttä (2019). Las emociones y las percepciones también influyen en la motivación – es difícil que una persona aprenda algo si no le interesa en lo absoluto.


Al escribir sobre las emociones y el aprendizaje, Kirsti Lonka (2014) menciona que las emociones pueden ser clasificadas por ejemplo en emociones positivas y negativas, pero también en activas y pasivas. Por ejemplo, el entusiasmo puede ser una emoción positiva activa, mientras una sensación de tranquilidad puede ser una emoción positiva pasiva. La irritación, por su parte, es una emoción negativa activa, y la depresión es un ejemplo de una emoción negativa pasiva.


De acuerdo a Lonka, las emociones positivas activas suelen ser beneficiosas para el aprendizaje. Especialmente el interés es una emoción útil en este sentido, ya que despierta curiosidad y hace que una persona quiera buscar información nueva. Por lo tanto, es esencial poder despertar la curiosidad y el interés en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, las emociones positivas no siempre fomentan el aprendizaje, ya que por ejemplo sentirse demasiada relajada puede hacer que la persona se vuelve pasiva frente al aprendizaje.


También es importante que las personas puedan reconocer y trabajar con sus emociones negativas, ya que éstas pueden impedir el proceso de aprender. Por ejemplo el enojo, la angustia y el aburrimiento pueden tener un impacto negativo. No obstante, Lonka señala que no todas las emociones negativas son perjudiciales para el aprendizaje. Por ejemplo, la confusión puede servir para que las personas busquen y generen nuevos conocimientos.


Para apoyar y no obstruir el proceso de aprendizaje, tenemos que estar conscientes de las emociones – tanto de nuestras propias emociones como las de las otras personas. Como docentes, debemos buscar crear ambientes de aprendizaje – en cualquier nivel educativo o para cualquier edad – en que se puedan generar emociones que fomentan el aprendizaje y no lo obstruyen. No significa que haya que esconder o ignorar las emociones negativas – simplemente tratar de reconocerlas y, a la medida de lo posible, canalizarlas de una manera que apoye el proceso de aprender.

¿De qué manera toman ustedes las emociones en cuenta en sus clases y cursos?




Fuentes:


Lonka, K. (2014): Oivaltava oppiminen. Kustannusosakeyhtiö Otava: Helsinki.


Määttä, E. (2019): Opettaja tunnekasvattajana. Tesis para obtener la Licenciatura, Facultad de pedagogía, Universidad de Oulu.


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